Mezcal·Alquimia·Mística

"Beyond the camera, Fer Arce is a traveller who recognizes the land on wich he steps, and is able to speak with the people. This is how you get this intimate situations, these connection."

                                                                                                                                 Fernando Lobo.


La práctica de la destilación es, en esencia, un misterio. Su origen histórico, difuminado en ese horizonte fabuloso que llamamos antigüedad, se vincula con cierta combinación de curiosidad científica, misticismo y ambición desmedida, que llamamos alquimia.

Los alquimistas eran dados a los secretos, por razones diversas. Su misión personal era hallar la piedra filosofal, una especie de fórmula única y prodigiosa, que permitiese convertir metales comunes en oro, o encontrar la vida eterna. Con un trabajo así, uno no puede andarse con indiscreciones.

Manteniendo sus procedimientos en el hermetismo, los alquimistas edificaron todo un mundo simbólico, un lenguaje cifrado que hermana la química con la metafísica, el método con lo esotérico. Así, sobre la destilación, que técnicamente puede ser descrita como un proceso de evaporación y condensación, desde una perspectiva alquímica hablamos de un encuentro entre los elementos del mundo, lo ígneo que sublima la materia para transmutar su esencia y extraer un espíritu.

Me parece que los alquimistas no encontraron la piedra filosofal, y tampoco consiguieron el oro ni la vida eterna, pero algunos (como Newton) calcularon el tamaño del universo y otros (como los persas) perfeccionaron la destilación de alcoholes para consumo humano: las bebidas espirituosas.

Cuando los pueblos mesoamericanos se apropiaron de aquellas tecnologías milenarias, en el trabajo debió prevalecer una profunda intuición mística.

Tal vez por razones como éstas, Fer Arce decidió registrar estas imágenes, captadas en el palenque de Real Minero de la familia Ángeles Carreño, por medio de planos cerrados. La labor de los maestros mezcaleros se expresa como un acto sacramental, "una conexión del hombre con la planta", un estado de trance y un esfuerzo sobrehumano. Una chinga, por cierto. Un acto de resistencia.

Más allá de la cámara, Arce es un viajero que reconoce el terreno donde pisa, y sabe hablar con las personas. Así es como consigue estas aproximaciones íntimas, estas conexiones. Porque el maestro mezcalero es también ese viejo alquimista que conoce secretos antiguos y tiene licencia para desplazarse por extraños mundos simbólicos. La piedra y la tierra, el fuego y el humo, la planta magnífica, todo está ahí para que se haga la alquimia. Para transmutar la materia, dijeron algunos sabios, es necesario transmutar el alma.